Desde los Pirineos hasta la nieve de Montreal: revelaciones de Andorra

Turismo

El pasado viernes 14 de noviembre, a las 10:30 de la mañana, asistí a la proyección del documental Andorre: Patrimoine Mondial de l’Unesco (o L’Andorre au naturel. Patrimoine de l’Humanité) en el marco de la 31ª edición del Festival Cinemania en Montreal. La invitación llegó por parte de la Oficina de Turismo de Andorra y del propio festival, quienes organizaron una actividad matinal dedicada a acercar al público quebequense a la riqueza natural y cultural del pequeño país pirenaico.

El documental, de 32 minutos y realizado en 2024 por Javier Corso, forma parte de la tercera colaboración entre Andorra y National Geographic, un esfuerzo por mostrar al mundo la profunda relación entre el territorio, sus tradiciones y su gente. La obra abre con un extracto narrado del poema épico Canigó, escrito en catalán por Jacint Verdaguer en 1886, una evocación literaria que sitúa desde el inicio el paisaje pirenaico en un plano mítico e histórico.

Estructurado en tres episodios, el filme retrata tres de los reconocimientos que la UNESCO ha otorgado a Andorra:

El primer episodio está dedicado a las Falles (Fiestas del Fuego) del solsticio de verano, donde seguimos la memoria viva de un abuelo que narra cómo, siendo joven, rescató la tradición junto con sus amigos. Su hijo continúa hoy la práctica, y su pequeño nieto se prepara para realizarla por primera vez, simbolizando la transmisión intergeneracional de esta herencia cultural.

El segundo episodio acompaña a una joven andorrana que trabaja como guía cultural de montaña, mostrando cómo las nuevas generaciones se vinculan con los saberes tradicionales y con el territorio que habitan.

El tercer episodio aborda la vida de criadores de vacas que practican la trashumancia, herederos de una tradición que los lleva cada temporada a subir con sus rebaños a las montañas y preservar un modo de vida ancestral, profundamente conectado con el pulso natural de los Pirineos.

Estos reconocimientos y prácticas se despliegan en un país que cuenta con más de un 92% de patrimonio natural.

Con una fotografía naturalista, clara y de una delicada sensación aérea, el documental se sostiene en testimonios y en imágenes que capturan la esencia del territorio: close-ups, tomas panorámicas y aéreas, paisajes prístinos, el arrear de las vacas por los senderos, la luz que generan las Falles en el casco viejo y los gestos cotidianos de quienes mantienen vivas estas tradiciones.

La proyección estuvo acompañada de un cálido recibimiento por parte de Enric Torres Arauz, jefe de la delegación de Turismo y Soraya Valls, jefa senior de Proyectos de Andorra Turismo. Ambos me recibieron con una amabilidad cercana, orgullosos de compartir la historia y el presente de su país. En la conversación, destacaron que los andorranos son, en su mayoría, trilingües —hablan catalán, español y francés— lo que crea un puente natural con Quebec. Ante la pregunta de por qué presentar el documental en Montreal, respondieron con claridad: “Nos une el idioma y la cultura con Francia y, por extensión, con Quebec.” Cosa que me maravilló, esa combinación de lenguas con presencia en el mundo, a excepción del catalán, que tampoco es una lengua aislada pues se habla en algunas islas y fuera de Cataluña en Andorra. 

Enric Torres compartió además datos reveladores: Andorra, con 468 km², no es mucho más grande que la superficie de Montreal; el 90% de su territorio está en las alturas y hay más pistas de esquí que carreteras. Aunque el país es muy conocido por sus estaciones de esquí y por ser un destino de compras, Andorra Turismo está impulsando una estrategia distinta: promover sus bellezas naturales y su patrimonio para avanzar hacia un turismo sostenible. Esto es fundamental para un país cuyo motor económico es, precisamente, el turismo: 9.5 millones de visitantes anuales.

Al salir de la sala, Montreal estaba poblada de nieve, como si la ciudad hubiera decidido acompañar con su propio paisaje blanco la atmósfera de montaña evocada en la pantalla. Fue entonces cuando Torres y Valls nos convidaron a descubrir los tesoros que la UNESCO ha reconocido en Andorra. Salí con la curiosidad despierta y el deseo genuino de visitar el país en mi próximo viaje a Europa.

El documental de Corso no solo celebra la majestuosidad de los Pirineos, sino que también reivindica la continuidad de las tradiciones, el cuidado del entorno y el valor de las comunidades que mantienen viva la memoria del territorio. Esa mañana en Montreal, las montañas de Andorra encontraron eco en las montañas de Quebec.

Un agradecimiento especial a Andorra Turismo, al Festival Cinemania y a Enric Torres y Soraya Valls.

Todos los fotogramas son parte del documental: Andorre: Patrimoine Mondial de l’Unesco.