Islas Canarias: del paisaje a los sentidos, en Montreal

Turismo

En Montreal, octubre ya comienza a cambiar la luz, la temperatura desciende y el invierno se anuncia a lo lejos. En ese contexto, las Islas Canarias llegaron a la ciudad una noche de octubre, no solamente para presentar dos nuevas rutas aéreas, sino para intentar acercar su paisaje, su cultura y su hospitalidad a quienes podrían convertirse en sus próximos visitantes.

El encuentro, celebrado el lunes 5 de octubre en el Centre PHI, en el Viejo Montreal, reunió a representantes de aerolíneas, oficinas de turismo, hoteles y otros actores de la industria turística de las islas. Durante unas horas, el espacio dedicado habitualmente al arte contemporáneo y a la creación se convirtió en un punto de encuentro entre Montreal y un archipiélago situado frente a las costas del noroeste de África, perteneciente a España y a la Unión Europea.

La ocasión tenía además un elemento muy concreto: por primera vez, los viajeros de Montreal contarían con conexiones directas con las Islas Canarias a través de dos de sus principales aeropuertos. Air Canada comenzará a operar su ruta Montreal–Tenerife el 31 de octubre, mientras Air Transat inaugurará el 12 de diciembre su conexión directa entre Montreal y Gran Canaria. Ambas serán rutas semanales durante la temporada de invierno.

La presentación no siguió el formato habitual de una conferencia en la que el público permanece sentado mientras escucha una sucesión de discursos. A la entrada, los asistentes recibieron una tarjeta horizontal que funcionaba como guía de un recorrido por las distintas propuestas turísticas presentes esa noche.

Había alrededor de 24 mesas, cada una dedicada a un hotel, grupo hotelero, oficina de turismo u otro representante de las islas. Para participar en el sorteo que cerraría la velada era necesario visitar al menos 12 de ellas y obtener en cada una la firma correspondiente. Así, lo que podía haber sido una larga sesión de presentaciones se convirtió en una circulación constante de asesores de viajes y periodistas por el espacio.

Entre los grupos hoteleros que participaron estuvieron Bahía del Duque y los hoteles Tais, en Tenerife; el grupo Fred. Olsen y su Hotel Jardín Tecina, en La Gomera; Spring Hotels Group y Coral Hotels, también en Tenerife; Cordial Hotels & Resorts y Bohemia Suites & Spa, en Gran Canaria; Abama Hotels, en Tenerife; Live Hotel Group, en Gran Canaria; el grupo Meliá y el Hotel Hacienda del Conde, además del grupo Hyatt, entre otros.

Cada mesa ofrecía una aproximación diferente al archipiélago. Los representantes explicaban directamente la ubicación de sus establecimientos, el número y tipo de habitaciones, sus instalaciones y los servicios que los distinguen. Algunos utilizaban tabletas o computadoras para mostrar imágenes y detalles de sus hoteles; otros se apoyaban en folletos, pequeños displays o simplemente en la conversación.

En la mesa de Fred. Olsen y del Hotel Jardín Tecina había, además, un pequeño gesto que iba más allá de la información turística: galletas elaboradas en La Gomera que los asistentes podían probar. Un detalle singular que hacía que aquella isla, hasta entonces conocida a través de un nombre en una tarjeta, adquiriera por un instante un sabor propio.

Después del recorrido por las mesas, la dinámica cambió. Los asistentes pasaron a otro espacio, dispuesto con mesas altas y algunos sofás, donde comenzó la parte más sensorial de la velada. Un dúo de músicos procedentes de las Islas Canarias acompañaba el encuentro con ritmos del archipiélago, utilizando instrumentos de cuerda entre los que destacaban el violín y un timple (pequeña guitarra tradicional de origen canario).

La música no era un elemento aislado. A lo largo de la noche, la presencia canaria se fue haciendo cada vez más tangible: los representantes de los hoteles y las oficinas de turismo habían viajado hasta Montreal para encontrarse directamente con el mercado canadiense, pero también habían llegado un chef, un sommelier, asistentes de cocina, músicos y productos de las propias islas.

La impresión era la de un equipo conciso y diverso que había decidido traer consigo algo más que información turística. En lugar de limitarse a explicar cómo son las Canarias, la velada buscaba hacerlas perceptibles a través de distintos lenguajes: las imágenes y videos mostraban sus paisajes; los representantes hablaban de sus hoteles y territorios; la música aportaba otra forma de reconocer el lugar; y la gastronomía permitía descubrirlo a través del gusto.

Ese cambio de registro también modificó la manera de relacionarse entre los asistentes y los anfitriones. La primera parte había estado marcada por el intercambio profesional, con tarjetas, folletos, pantallas y conversaciones sobre alojamientos y servicios. Ahora el encuentro se acercaba más a una experiencia cultural y gastronómica, sin dejar de tener como objetivo central presentar las posibilidades de viaje que se abren con las nuevas conexiones aéreas desde Montreal.

La gastronomía terminó de completar ese acercamiento. El chef Manuel Berriel y la sommelier Trinidad Fumero, ambos procedentes de las Canarias, fueron presentando las distintas tapas mientras explicaban sus ingredientes, sus procedencias y algunas de las particularidades de la cocina del archipiélago. No se trataba solamente de servir una degustación: cada preparación venía acompañada de una explicación que permitía entender de dónde surgían esos sabores y cómo distintos productos y tradiciones se encuentran en la cocina canaria.

Los mojos (salsas canarias), los quesos, el pescado, el conejo, las papas y el gofio aparecieron a lo largo de la degustación en preparaciones muy distintas entre sí. El gofio, elaborado a partir de cereales tostados y profundamente ligado a la tradición alimentaria de las islas, tuvo además presencia en los postres, mostrando cómo un ingrediente de origen tradicional puede trasladarse a una cocina contemporánea.

Los sabores fueron acompañados por tres vinos canarios. La sommelier fue explicando sus características y los maridajes a medida que avanzaba la comida: un blanco para las primeras preparaciones, un tinto para los sabores más intensos y un vino de perfil más dulce hacia el final, junto con los postres. También hubo espacio para hablar de las variedades de uva y de las condiciones particulares en las que se cultiva la vid en un territorio volcánico. El archipiélago cuenta con 11 Denominaciones de Origen Protegidas (DOP).

Más que reproducir en Montreal una comida que pudiera encontrarse en cualquier restaurante español, la intención parecía ser otra: mostrar que las islas también pueden reconocerse a través de su propia tradición gastronómica. La comida funcionaba así como otra forma de paisaje, una que no se contempla, sino que se prueba.

Las imágenes proyectadas durante la velada ayudaban a completar aquello que las mesas de los hoteles y la degustación no podían contar por sí solas. Playas, volcanes, bosques, senderos y cielos estrellados nocturnos aparecían como distintas maneras de recorrer un mismo territorio, muy alejado geográficamente de Montreal pero presentado como un destino particularmente accesible a partir de las nuevas conexiones aéreas.

La naturaleza ocupó un lugar central en la presentación. Más que vender únicamente la idea de unas vacaciones frente al mar, los representantes insistieron en la diversidad de paisajes y actividades que ofrece el archipiélago: desde el senderismo y los bosques hasta la observación de estrellas y los territorios volcánicos. También apareció de manera recurrente la preocupación por la conservación y el desarrollo sostenible.

Para el público canadiense había, además, un argumento difícil de ignorar al comenzar la temporada fría: el clima. Las Canarias se presentaron como un territorio de temperaturas suaves durante todo el año, una especie de primavera permanente que contrasta con los meses de invierno que se avecinan en Quebec.

Pero quizá el dato más significativo de la noche no estaba en una cifra de temperatura ni en una imagen espectacular de un volcán. Era la posibilidad de llegar directamente. Tenerife y Gran Canaria, dos de las principales puertas de entrada al archipiélago, dejaban de requerir necesariamente una conexión europea para quien partiera de Montreal.

Air Canada presentó su nueva ruta directa hacia Tenerife, operada con un Airbus A321XLR, con una duración aproximada de seis horas y media. El servicio comenzará el 31 de octubre y tendrá una frecuencia semanal los sábados durante la temporada de invierno. Por su parte, Air Transat inaugurará el 12 de diciembre su conexión Montreal–Las Palmas de Gran Canaria, también semanal, con una duración aproximada de siete horas y operada con un Airbus A321LR.

Dos rutas, dos islas de llegada y una misma transformación: las Canarias pasan de ser un destino que muchos viajeros de Quebec asociaban con un trayecto más largo y una conexión en Europa a convertirse en una opción de viaje directo durante los meses en que Montreal entra en su temporada más fría. 

Mientras avanzaba la degustación, hubo también un momento que devolvió la velada a su dimensión institucional. El embajador de España en Canadá, Alfredo Martínez Serrano, tomó la palabra durante la cena, después de que Catherine Pogonat anunciara su presencia y le cediera el espacio.

Su intervención puso en perspectiva lo que hasta entonces se había experimentado principalmente a través de imágenes, conversaciones, música y comida: las nuevas rutas forman parte de un interés más amplio por estrechar los vínculos turísticos entre España y Canadá y, en particular, por acercar las Islas Canarias al mercado de Quebec.

La presencia del embajador también recordó que detrás de una nueva conexión aérea hay algo más que una posibilidad adicional para viajar. Para las autoridades españolas y canarias, establecer un acceso directo desde Montreal representa una puerta de entrada a un mercado canadiense que hasta ahora tenía que recurrir con mayor frecuencia a conexiones europeas para llegar al archipiélago.

Al día siguiente, parte de la delegación continuaría su recorrido hacia Toronto para presentar allí el destino. Para varios de los representantes canarios, además, el viaje tenía un componente personal: muchos estaban conociendo Montreal por primera vez y habían llegado con curiosidad por encontrarse con una ciudad que, a diferencia de las islas, estaba entrando ya en el otoño.

El recorrido de las mesas tenía una recompensa final. Una vez completado el número mínimo de visitas indicado en la tarjeta, los asistentes podían participar en un sorteo que terminó convirtiéndose en otra muestra de la amplitud de la delegación reunida en Montreal.

Había numerosos premios ofrecidos por los establecimientos participantes: estancias en hoteles de distintas islas y, en algunos casos, paquetes que incluían también vehículos de alquiler. Air Canada y Air Transat sumaron vuelos a la lista de posibilidades. Después de una noche dedicada a explicar dónde dormir, qué hacer, qué comer y cómo llegar, el sorteo introducía un elemento inesperadamente concreto: la posibilidad de experimentar en primera persona aquello que hasta entonces se había conocido a través de una pantalla, una conversación, una copa de vino o una tapa.

Quizá esa fue la característica más interesante de la velada. Las Islas Canarias no se presentaron en Montreal únicamente como un destino de sol para escapar del invierno. La propuesta fue mucho más amplia y, sobre todo, estuvo construida a partir del contacto directo: representantes que hablaban de sus territorios, imágenes que mostraban sus paisajes, música interpretada por artistas canarios, una gastronomía explicada por quienes la conocen desde su origen y nuevas rutas aéreas capaces de convertir esa distancia geográfica en un trayecto de unas pocas horas.

Cuando Montreal comienza a prepararse para el frío, las Canarias buscan ocupar un espacio diferente en el imaginario del viajero canadiense. No solamente como un lugar al que llegar, sino como un territorio que, durante una noche, hizo el viaje en sentido contrario y se presentó aquí.