Caminar por La Habana es como hojear un libro abierto de historia y cultura, donde cada esquina susurra leyendas y cada edificio conserva la elegancia de tiempos pasados. Nuestro recorrido comenzó en el corazón de la ciudad, el Parque Central, rodeado por joyas arquitectónicas como el Hotel Inglaterra, el Parque Central Iberostar y la elegante Manzana Kempinski. Muy cerca, se levanta majestuoso el Gran Teatro de La Habana, sede del Ballet Nacional fundado por la legendaria Alicia Alonso, que continúa siendo un símbolo del arte cubano.
En la foto, el emblemático hotel Iberostar Parque Central.
Foto: Orbita Popular
y su interior de inspiración mudéjar.
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Justo frente al teatro, nos cautivó la imponente silueta del Capitolio, una de las edificaciones más emblemáticas de la ciudad. Inspirado en el Capitolio de Washington, este edificio neoclásico cubano resalta con su cúpula dorada y su escalera monumental, marcando el inicio de muchas postales habaneras. Vale la pena ingresar y tomarse su tiempo para descubrir todo su encanto.
rica ornamentación y materiales de alta calidad como mármol italiano y acabados fundidos en Francia.
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es sede del Ballet y la Ópera Nacional de Cuba y uno de los centros culturales más importantes de América Latina.
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Mientras avanzamos, no solo admiramos la arquitectura: vemos vida en cada calle. Personas que conversan animadamente o consultan su celular bajo la sombra de los árboles, y músicos ambulantes que se acercan para regalar algún son cubano, llenando el aire de alegría con maracas, guitarras o simplemente su voz. La Habana se vive con los cinco sentidos.
Paseamos por el barrio El Vedado, aquí se encuentran muchas oficinas gubernamentales, bancos, cines, hoteles. Recorrer la Calle 23 del Vedado es retroceder en el tiempo: antes de 1959, esta vía principal de La Habana irradiaba vida y glamur, tanto que se le apodaba el “Broadway habanero”. Y es que aquí había una cantidad de tiendas, negocios, restaurantes, bares y las principales concesionarias de coches de Cuba tenían su sede en esta calle.
Visitamos la Plaza de la Revolución, ubicada en el corazón del Vedado. La plaza impresiona por su inmensidad: ocupa unos 70,000 metros cuadrados y es escenario habitual de actos cívicos y homenajes. Es infaltable tomarse una foto junto al icónico relieve del Che Guevara, que adorna la fachada del Ministerio del Interior con el lema “Hasta la victoria siempre”. Un poco más allá encontramos la silueta de Camilo Cienfuegos, el otro gran héroe de la Revolución cubana. Esta última se halla en la fachada del edificio del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones. Está acompañada por la histórica frase "Vas bien, Fidel", pronunciada por el legendario guerrillero el 8 de enero de 1959.
más carismáticos de la Revolución, recuerda su misteriosa desaparición en 1959, a los 27 años,
tras cumplir una misión encomendada por Fidel Castro.
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Hasta la victoria siempre, parte de la despedida del Che a Fidel en 1965.
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El barrio también alberga otros lugares emblemáticos, como la Universidad de La Habana, el Memorial José Martí, el Hotel Nacional y varios museos de interés histórico. Pero uno de mis paseos favoritos en esta zona fue, sin duda, el Malecón de La Habana.
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de 7 kilómetros de largo es el lugar preferido de encuentro para cubanos y visitantes.
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Aquí, a cualquier hora del día, puedes encontrar personas admirando el mar, conversando, debatiendo algún tema o simplemente dejándose llevar por la brisa. Al caer la noche, el ambiente se transforma: suenan guitarras, se tararean canciones cubanas y, casi sin darte cuenta, se arma la gozadera. Lo que parecía ser solo un paseo tranquilo se convierte en una fiesta espontánea, y tú terminas uniéndote a este imán de alegría musical que define el alma habanera.
con sus alegres melodías habaneras.
Foto: Orbita Popular
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No podían faltar los clásicos automóviles americanos de los años 50, perfectamente conservados, que colorean las avenidas como si el tiempo se hubiera detenido. Entre ellos, seguimos hacia la calle del Barrio Chino, una muestra de la diversidad cultural que también caracteriza a la capital cubana.
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Desde allí, nos adentramos en el casco histórico de La Habana Vieja, fundada en 1519 y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la Plaza de Armas, el Templete nos transportó a los orígenes coloniales, recordando aquel momento fundacional bajo la mítica ceiba, cuando Carlos Manuel de Céspedes dejó su huella en la historia.
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Seguimos por la calle de los Oficios hasta la Plaza de San Francisco de Asís, presidida por su hermosa iglesia, y nos dejamos envolver por la atmósfera bohemia de la Plaza Vieja. En la Plaza de la Catedral, la influencia barroca de sus fachadas parecía narrar siglos de fervor religioso y arte escultórico. Frente a nosotros, la estatua del célebre bailarín y coreógrafo Antonio Gades nos recordó el fuerte lazo entre Cuba y España, y cómo la danza flamenca también dejó su rastro en la cultura isleña.
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La jornada concluyó con una parada infaltable: la Bodeguita del Medio. Allí, entre mojitos, música tradicional en vivo y paredes cubiertas de firmas y dedicatorias, los visitantes celebran el espíritu cubano en su máxima expresión: hospitalario, alegre y vibrante.
Premio Nobel de Literatura, quien popularizó el cóctel daiquirí aquí.
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Es visita obligada en tu paso por La Habana Vieja.
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Visitar La Habana es abrir el corazón a una ciudad que, entre colores, historia y melodías, nunca deja de latir.
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¡Hasta pronto Habana querida!