El antihéroe: Magallanes de Lav Diaz y la reescritura de la historia colonial en la Semana de la Crítica de Montreal

Cine

El 16 de enero, durante la Segunda Semana de la Crítica de Montreal, asistí a la proyección de Magallanes, una colaboración audaz entre el reconocido actor mexicano Gael García Bernal y el cineasta filipino Lav Diaz. La función estuvo acompañada por una breve introducción y un conversatorio posterior con Lav Diaz, cuyas reflexiones ofrecieron una mirada poco común a una obra que es, al mismo tiempo, históricamente rigurosa, estéticamente radical y éticamente intrépida.

Magallanes no es una epopeya histórica convencional. En lugar de reafirmar el relato occidental dominante sobre la circunnavegación de Fernando de Magallanes, la película lo desestabiliza deliberadamente al adoptar una perspectiva filipina, que cuestiona no solo la historiografía colonial, sino también los mitos que las naciones construyen en torno a sus héroes fundacionales. Lav Diaz dedicó cerca de siete años a la investigación del proyecto, consultando archivos y bibliotecas en distintos países, entre ellos España, Portugal y Estados Unidos. Esta investigación prolongada se percibe a lo largo del filme, no como una exposición didáctica, sino como una reconstrucción histórica lenta y deliberada que se resiste a la simplificación.

El director filipino Lav Diaz el 16 de enero en el Cinéma du Musée durante la sesión de preguntas y respuestas.

La narrativa sigue a Magallanes desde sus primeras campañas militares en el sudeste asiático hasta las etapas finales de su expedición en el archipiélago filipino. En el centro del filme se encuentra Enrique, esclavo y traductor de Magallanes, desplazado desde Malaca (ciudad de Malasia) a través de las primeras redes coloniales de comercio. Es desde la perspectiva de Enrique que la película subvierte finalmente la convención histórica: la figura legendaria de Datu (cacique) Lapu-Lapu, largamente celebrada como el artífice de la muerte de Magallanes, se revela como una fabricación. En su lugar, la película sugiere que Magallanes fue asesinado por Rajah Humabon (cebuano) y sus fuerzas, una revelación que reconfigura de manera radical la historia de la conquista, la resistencia y la memoria histórica.

Gael García Bernal como Magallanes en la densa selva filipina.

El reparto de Gael García Bernal como Magallanes refuerza la dimensión transhistórica y transnacional de la película. Lav ha señalado los profundos paralelismos entre las historias coloniales de México y Filipinas, configuradas por la expansión española durante un mismo periodo histórico, pero articuladas en polos geográficos opuestos del imperio. Esta resonancia resulta especialmente significativa desde una perspectiva mexicana. En Tabasco, donde los españoles establecieron por la fuerza su primer enclave en tierra firme, enfrentaron una temprana resistencia indígena en la mítica Batalla de Centla, la figura de Hernán Cortés emerge como un contrapunto histórico de Magallanes, otro "conquistador" cuyo legado es inseparable de la violencia, la mitificación y la invisibilización de las voces indígenas. En este sentido, Magallanes apunta hacia una historia colonial más amplia e interconectada, que trasciende las fronteras nacionales.

En el plano formal, la película es tan radical como su tesis histórica. Lav Diaz rechaza la ostentación cinematográfica y trabaja, en cambio, con equipo mínimo y un equipo humano reducido. El plano inicial muestra a una mujer indígena que se topa por primera vez con el invasor blanco: su sorpresa y fuga dominan la escena, mientras el rostro del hombre permanece fuera de campo. Filmada completamente por Lav Diaz en solitario, esta toma establece un lenguaje visual íntimo que atraviesa toda la película. La cinematografía se caracteriza por altos contrastes, tomas prolongadas y un ritmo deliberado que resiste la urgencia narrativa. Cada plano se despliega según su propio ritmo interno, permitiendo que el tiempo se acumule en lugar de disiparse.

Una de las estrategias más contundentes del filme es la desmitificación sistemática de los conquistadores. En lugar de representarlos como figuras triunfantes o heroicas, Lav Diaz los reduce a humanos caídos, simples mortales, cuerpos vulnerables y, a menudo, grotescamente humanos. Al final, la cámara muestra la consecuencia de sus actos sin glorificación, enfatizando su mortalidad y fragilidad. En una escena memorable posterior a una victoria militar en Malaca, Afonso de Albuquerque pronuncia un discurso exaltado solo para desplomarse borracho en el suelo, donde permanece inerte y despojado de dignidad con sus huestes riendo ante tal escena. A lo largo de la película, los campos de batalla aparecen cubiertos de cuerpos (muertos, moribundos o ya sin vida) tendidos en diversas posiciones, despojados de énfasis narrativo o encuadres heroicos. Esta reiterada imaginería de cuerpos caídos o dormidos cumple una doble función: subraya el costo humano de la conquista y enfatiza la vulnerabilidad y mortalidad de los opresores, desmantelando cualquier ilusión de gloria.

Esta atención al cuerpo se extiende más allá de la muerte hacia la vida cotidiana. Magallanes incluye numerosas escenas de desnudez total, retratando a hombres y mujeres tal como habrían vivido a inicios del siglo XVI. Lav Diaz ha hablado abiertamente sobre la dificultad de filmar estas escenas, señalando que pasó meses convenciendo a las intérpretes de que la desnudez no era pornográfica ni explotadora, sino histórica y éticamente necesaria. El resultado es una representación naturalista del cuerpo humano como evidencia histórica, un archivo inscrito de vulnerabilidad, trabajo y exposición.

La violencia, asimismo, es tratada con una notable contención. En lugar de escenificar ejecuciones o masacres con detalle gráfico, Lav Diaz suele dirigir la cámara hacia quienes ordenan la violencia, no hacia quienes la ejecutan físicamente. El acto en sí ocurre con frecuencia fuera de campo.Esta elección contrasta de manera frontal con el cine y la televisión contemporáneos, donde la violencia se estetiza y se fetichiza, vaciándose de sentido moral y reduciendo la experiencia humana a espectáculo. En Magallanes, la violencia no se espectaculariza ni se suaviza; se articula a través de la ausencia, la insinuación y el peso moral.

Magallanes en una balsa en un río. Foto cortesía de Janus Films.

Aunque a menudo se describe como cine contemplativo, Magallanes va más allá de la mera contemplación. Lo que se invita al espectador a contemplar no es solo la imagen, sino el proceso lento y laborioso de la reconstrucción histórica en sí misma. Lav Diaz se niega a acelerar la historia en nombre de la eficiencia narrativa. En su lugar, permite que el tiempo funcione como una dimensión ética de la película: tiempo para observar, para soportar y para confrontar las consecuencias de la violencia colonial.

Cabe destacar también que Magallanes fue coproducida por Albert Serra, el cineasta catalán conocido por su enfoque radicalmente subversivo del cine histórico. La participación de Serra sitúa la película dentro de una genealogía de autores contemporáneos que desmantelan sistemáticamente los relatos heroicos y cuestionan las convenciones estéticas del género histórico. Su presencia como coproductor refuerza el compromiso de Magallanes con el antiespectáculo, el rigor temporal y la incomodidad ética. Además, Magallanes marca la primera película en color de Lav Diaz en más de una década, tras un largo periodo en el que su obra fue predominantemente filmada en blanco y negro. El regreso al color no es ornamental, sino profundamente reflexivo, en consonancia con el proyecto de reconstrucción histórica e inmersión sensorial de la película, y señala una nueva (aunque coherente) etapa en la práctica cinematográfica de Lav Diaz.

En última instancia, Magallanes es una película sobre la perspectiva, el poder y la autoría histórica. Al subvertir finalmente la narrativa estratégica en el esclavo Enrique y desmantelar el mito del héroe conquistador, Lav Diaz expone la historia como un territorio en disputa más que como un registro cerrado. La película nos recuerda que la historia no es una herencia neutral, sino una construcción moldeada por la omisión, la dominación y la repetición. Al reclamar el cine como un espacio para la interrogación histórica, Magallanes no ofrece respuestas, sino una perturbación profundamente necesaria, que resuena mucho más allá de Filipinas y alcanza las historias coloniales compartidas del Sur Global.

Esta elección narrativa es profundamente controversial. En Filipinas, Lapu-Lapu es un héroe nacional, conmemorado por monumentos y estatuas. Cuestionar su existencia implica poner en duda los propios cimientos de una narrativa histórica nacional. Sin embargo, Lav Diaz aborda esta provocación no como un acto de negación, sino como una invitación a reconsiderar cómo se escribe, se recuerda y se instrumentaliza la historia. Magallanes no busca reemplazar un mito heroico por otro; busca exponer los mecanismos mismos mediante los cuales el mito es producido.

Ídolos de madera quemados tras la conversión de la comunidad al cristianismo, mientras los aldeanos observan en silencio. Foto cortesía de Janus Films.