Natalia Lafourcade cautiva a Montreal con un canto íntimo a la raíz

Espectáculos

 

Montreal, 30 de junio de 2025.— En el marco del Festival Internacional de Jazz de Montreal, Natalia Lafourcade ofreció un concierto inolvidable que desafió las expectativas de espectáculo para adentrarse en el terreno de lo íntimo. En la majestuosa Salle Wilfrid-Pelletier en la Place des Arts, con lleno total, la cantautora mexicana celebró no solo su madurez artística, sino también el reconocimiento de su trayectoria con el Premio Antonio Carlos Jobim, otorgado por su labor en la difusión y renovación del folclore latinoamericano entre nuevas generaciones. Aunque el premio le fue entregado la noche anterior, su espíritu atravesó toda la velada.

Antes de que suene la primera nota, el escenario espera en silencio: una silla, una lámpara encendida y una luz roja que tiñe de intimidad el espacio.

Todo está dispuesto con sencillez casi ritual, como si la música que vendrá necesitara primero un altar de quietud. Foto: Orbita Popular

 

Lejos del despliegue escénico habitual de las giras musicales, Lafourcade se adentró en el escenario con solo lo esencial: su voz y una guitarra acústica, en una puesta en escena que evocaba la intimidad de su infancia en Coatepec, Veracruz, como si estuviera en su propia guarida. Un vestido negro fruncido, una lámpara de mesa, una silla de madera, una mesita de noche, un papel medio arrugado donde escribía sus primeras composiciones y un vaso de mezcal fueron sus únicos compañeros durante más de dos horas de concierto sin intermedios, bajo el nombre de su nuevo tour: Cancionera. Fue más una velada introspectiva que un show internacional: como si el público hubiera sido invitado a un recital privado.

 

En un escenario bañado de luces íntimas, Natalia Lafourcade canta sola con su guitarra ante la Salle Wilfrid-Pelletier llena, hechizando a Montreal

en el Festival de Jazz de Montreal con la fuerza serena de su voz. Foto: Orbita Popular

 

A lo largo de la noche, Natalia compartió pensamientos y memorias como quien conversa con amigos bajo una luz tenue de la iluminacion del teatro. Se dijo profundamente orgullosa de haber nacido en su “tierrita” México, y confesó que su música bebe de los sonidos más cotidianos del país: el pregón del vendedor de gas, el canto metálico de quien compra “fierro viejo”, o el inconfundible llévele llévele de los mercados. Dijo que los mexicanos podemos llegar a ser muy dramáticos y también habló de la soledad de la que se regocija, esa compañera ambigua que, si bien es fértil para la creación y la inspiración, reconoció con franqueza que puede ser también “muy cabrona”.

 

El repertorio, cuidadosamente tejido, fue un recorrido por su universo sonoro y por la geografía emocional de todo un país. Desde himnos personales como Cancionera, Soledad y el marDe todas las flores y Hasta la raíz, hasta joyas del cancionero popular como Alfonsina y el mar o Cucurrucucú paloma, cada interpretación surgía como una memoria compartida. También interpretó Nunca es suficiente, el gran éxito que la catapultó a un público masivo en su colaboración con Los Ángeles Azules, en una versión íntima que resignificó su fuerza emotiva. No faltaron temas festivos y nostálgicos como El palomo y la negra, Pajarito colibrí, Como quisiera quererte y Mexicana hermosa. A media función, interpretó una versión despojada y sentida de La Bamba con su guitarra acústica. La conexión con el público fue inmediata: entre aplausos calurosos y gritos mexicanos —¡Ayayayay!— se sentía que allí no solo había fans, sino una comunidad emocional.

 

Como mexicana nueva residente en Canadá, ver a Lafourcade en ese escenario fue conmovedor. Siempre tuve la noción de que en Estados Unidos, la identidad mexicana encuentra un eco constante: los estadios se llenan de verde cuando juega la selección, y artistas como Juan Gabriel (†), en su momento, o Luis Miguel, que aún gira, encuentran un público chicano que los sigue con devoción. Pero aquí, en Montreal —una ciudad francófona, con una comunidad latina más reciente y diversa— la experiencia fue distinta. Ver tantos rostros iluminados por las canciones de Natalia, escuchar los gritos de júbilo en español, y sentir cómo México resonaba tan fuerte fuera de sus fronteras, me hizo ver que la raíz mexicana no solo sobrevive: florece, se reinventa y canta, incluso a miles de kilómetros de casa.

 

No es casualidad que tantos asistentes vibraran con ella: con aproximadamente 300 000 personas de origen latinoamericano en la provincia de Quebec, Montreal alberga la segunda comunidad latinoamericana más grande de Canadá, después de Toronto. Una comunidad que crece, se afirma y celebra con orgullo sus raíces cada vez que una voz como la de Natalia Lafourcade se presenta en un escenario.

 

Bajo el techo geométrico de la Salle Wilfrid-Pelletier, un lleno total aguardaba a Natalia Lafourcade. Entre vítores y banderas mexicanas, la comunidad latina hizo vibrar Montreal, recordando que en Quebec también florecen las raíces del sur.

 

Ya hacia el cierre, Lafourcade regresó al escenario para ofrecer tres canciones más entre ovaciones. Pero no fue con su voz que se despidió del público, sino con la de su tierra: al final, las luces se prendieron formando muchas tonalidades, mientras sonaba una grabación de La Bamba en su versión jarocha, con arpa, zapateado y son veracruzano. Fue un gesto cargado de simbolismo: Natalia se despidió ondeando la mano, visiblemente conmovida por el cariño del público, mientras recibía flores y pequeños regalos de quienes se aproximaban al escenario y nos dejó con la voz colectiva de sus raíces, ese eco del México recóndito que habita en su cancionero y que la ha convertido, en una de las más grandes cantantes latinoamericanas contemporáneas.

 

Órbita Popular felicita al director y a todo el equipo organizador del Festival Internacional de Jazz de Montreal por esta gran iniciativa y valioso aporte musical al incluir en su programación a figuras de la talla de Natalia Lafourcade.

 

Una decisión que enriquece no solo a la comunidad latina de Montreal, sino también a todos los amantes de la música latinoamericana. ¡Bravo!

Aquí, más información sobre el Festival Internacional de Jazz de Montreal.